NOSOTRAS PARAMOS EL MUNDO

La precarización generalizada de las condiciones laborales, sobre todo de las mujeres, las violencias y discriminaciones han hecho que, en este 2018 el movimiento feminista haga un llamamiento a la Huelga Feminista de 24 horas.

Llevamos semanas escuchando: “huelga ideológica”, “argumentos radicales”, “ni feminista ni machista, igualdad” o el ya consagrado “no nos metamos en eso”. Frases que representan los argumentos más peregrinos contra la huelga feminista del próximo 8 de marzo, pero la pedagogía feminista -¡oh dame paciencia!- y sobre todo la astucia del movimiento feminista nos cargan de razones para que las mujeres vayamos a ser las protagonistas de las mayores movilizaciones en este último período.

Frente a la desigualdad en nuestros puestos de trabajo, en el ámbito doméstico y en las aulas, el movimiento feminista hace un llamamiento a la huelga donde pone el foco en las injusticias que genera el sistema capitalista y heteropatriarcal con nosotras, condenándonos a salarios de miseria mientras cargamos con el trabajo doméstico.

Nosotras trabajamos una hora al día gratis en nuestros puestos de trabajo, lo que quiere decir que la brecha salarial entre hombres y mujeres es de un 24%. En 10 años, apenas se ha reducido, y no ha habido políticas públicas que afronten esta desigualdad hasta que el pasado 22 de febrero, a propuesta de Unidxs Podemos en el Congreso, se aprobase una Ley por la igualdad retributiva para que cada empresa justifique la retribución de cada puesto o los complementos salariales y se hagan auditorías salariales.

¿Por qué es importante esta medida? Porque somos las que más contratos parciales tenemos, el 70% de estos contratos son para mujeres, con peores salarios y como consecuencia, con más precariedad y pobreza porque tener un contrato ya no significa dejar de ser pobre.

Somos las que más sufrimos las consecuencias de paro, de 2,3 millones de mujeres en desempleo, casi un millón lo son de larga duración. En Leganés, 7237 mujeres están en el paro, de las que 3484 pertenecientes al sector servicios. Por ello, los efectos de la pobreza se ceban con las mujeres, sobre todo si eres joven entre 16 y 29 años, lo que quiere decir que están condenando al futuro de este país feminizando la pobreza.

Tampoco podemos olvidarnos de la brecha salarial en las pensiones, de media cobramos un 37% menos que los hombres después de haber estado toda una vida dedicada a hacer equilibrismo entre la familia y el trabajo, sin las mismas oportunidades que ellos y, ahora en la vejez, somos pobres.

Por lo tanto, el paro, las condiciones laborales precarias y los servicios públicos cada vez más deteriorados tienen un claro impacto de género: las políticas de empleo en la crisis carecen de perspectiva de género y, a su vez, el recorte en servicios públicos destinados a los cuidados han obligado a asumir la “vuelta al hogar” de las mujeres para encargarse de las personas dependientes, porque la división sexual del trabajo nos condena al ámbito privado. Sigue siendo una quimera el reconocimiento institucional del trabajo de los cuidados, con políticas activas que garanticen la sostenibilidad de las familias sin recursos para las personas dependientes.

También paramos para decir que “ni una menos, vivas nos queremos”. Los feminicidios y asesinatos machistas dejaron 99 mujeres en 2017, y en lo que llevamos de 2018 se contabilizan 9. Las violencias diarias, el acoso, las violaciones, las agresiones, en definitiva, un sistema heteropatriarcal que nos maltrata y subordina nuestros cuerpos por el hecho de ser mujeres, ha hecho que a lo largo del mundo se sumen movimientos de mujeres para gritar “¡basta ya!” a la violencia machista.

Pero lo más importante de este 8 de marzo es poner en el eje central lo cotidiano, los cuidados invisibles, no reconocidos e imprescindibles, esos cuidados sin los que no podríamos ir a clase o al trabajo con la ropa limpia, comer o tener todo en orden. Este día las que cuidamos, pararemos para visibilizar nuestro trabajo. Somos las que sostenemos el bienestar y la vida y es necesario cambiar la concepción de los cuidados para comenzar a compartir los cuidados.

Nos queremos libres, vivas, combativas y diversas por eso ¡todas a la huelga!

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